LO ACCESORIO VENDE… LO ESENCIAL CONVENCE

La Vanguardia, 20 de mayo de 2018 | ver artículo 

Adaptabilidad, flexibilidad, nuevas generaciones… son palabras que actualmente suenan fuerte en el mundo empresarial, marcando políticas en varios departamentos, especialmente en el de Recursos Humanos. Las start-ups y tecnológicas han sido las primeras que lo han tenido claro: visionarias pero obligadas, en cierta medida, para poder atraer un talento joven que demanda trabajar en un entorno distinto.

Estamos viendo como empresas más tradicionales se están apuntando al carro, ofreciendo a sus futuros y actuales empleados todo un “paquete de beneficios”, por decirlo de algún modo, que incluye desde componentes más lúdicos, medidas para facilitar hábitos saludables hasta espacios más colaborativos, totalmente adaptados al estilo fresco de las nuevas generaciones, para que, sin salir de la oficina, lo puedan tener todo (jaulas de oro, alguien podría pensar, aunque mitigadas siempre que se complemente con horarios flexibles y posibilidad de combinarlo con trabajo home-office).

Estoy a favor de implantar medidas que faciliten trabajar en entornos más atractivos. El problema llega cuando un candidato o empleado lo siente como algo que se presupone, sin darle importancia o, peor todavía, algo que, si no se tiene, ya invalida otros muchos aspectos importantes. Hago un símil con aquel hotel que ya no tendrá una valoración excelente porque entre las amenities del baño olvidó incluir el acondicionador. Sin embargo, sí cumplió con un servicio de cinco estrellas, algo importante que quedó en un segundo plano por no haber incluido el anterior detalle.

Hay que tener en cuenta que las medidas mencionadas pueden parecer atractivas a un joven profesional que debe decidir incorporarse a una empresa, es decir, constituyen elementos de atracción del talento. Sin embargo, de los resultados de las encuestas de salida que se llevan cabo por parte de los profesionales de Recursos Humanos a los trabajadores al finalizar su relación laboral, se desprende que no son elementos críticos que hagan decidir a un empleado quedarse a trabajar en una compañía. ¿Y por qué? Pues, porque lo que de verdad aprecia la gente joven es la esencia que todo empleado valora desde siempre: que tenga un jefe cercano que le apoye y del que aprenda, un justo reconocimiento, buen ambiente de trabajo, formación continua, un trabajo retador, confianza y libertad (incluyo aquí flexibilidad en el sentido más amplio de la palabra). Es una perversión pensar que solamente lo superficial, lo bonito, lo externo será suficiente para convencer a las personas de que se queden a trabajar ahí.

Tenemos mucho que aprender de empresas de entornos tecnológicos que han aportado frescura y buenas ideas en Recursos Humanos, y es muy positivo incluir pinceladas de estas medidas de los grandes maestros que han sido las start-ups, pero no hay que perder el foco en lo importante: la diferencia entre un buen lugar para trabajar y uno excelente, como en el ejemplo hotel, nunca será lo accesorio.

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