Coronavirus y teletrabajo : prueba de fuego para Recursos Humanos

Debido a las tristes circunstancias que estamos viviendo, de repente la figura de Recursos Humanos ha adquirido una especial relevancia y ha puesto a prueba la capacidad de reacción de los profesionales con responsabilidad sobre las plantillas para llevar a cabo medidas de emergencia. Todo ello con el fin de evitar a toda costa elevar aún más el número de contagios, pero haciendo malabares para continuar dando respuesta, en lo medida de lo posible, a las necesidades del negocio.
Uno de los planes estrella ha sido el teletrabajo, mandar la gente a trabajar desde sus casas como medida de seguridad. La generosidad de los profesionales que nos dedicamos al mundo de las personas ha sido excepcional: los chats de Recursos Humanos echan humo compartiendo best practices y manuales para facilitar la implantación del teletrabajo de la mejor manera posible y partiendo de situaciones diversas, porque recordemos que no todas las empresas lo tenían establecido anteriormente. Algunos lo habían implantado ya en ciertas áreas de la compañía y han tenido que montar rápidamente el sistema para poder extenderlo a otros colectivos.
Compartiendo experiencias, he notado como las personas dedicadas a Recursos Humanos están extenuadas, pero a la vez satisfechas por la labor realizada. Más de una persona comentaba que esto representará un antes y un después en el modo de trabajar. Personalmente, admiro la capacidad de reacción brutal que he visto en las personas que se dedican a mi profesión, no me quedan más palabras que de felicitación. También entiendo la satisfacción de pensar que esta implantación rápida y efectiva del teletrabajo en tantos colectivos puede servir como precedente para lo que vendrá. De algún modo, el sentimiento compartido es que se había acelerado la forma de trabajar del futuro. No quito razón a estas opiniones, esta prueba de fuego seguramente servirá para demostrar que existe un modo de trabajar muy efectivo basado en la confianza y resultados, no en el presencialismo.
Ahora bien, sin querer rebajar la euforia y los hitos conseguidos en este momento, debemos ser conscientes de algo crucial: se trata de una situación de teletrabajo temporal y, aún más importante, forzosa. Esos directivos que han autorizado que sus equipos trabajen desde casa, valorando pros y contras, seguramente lo han visto como la mejor alternativa ante las circunstancias. Pero la pregunta crítica es: ¿lo han hecho por convicción o por necesidad? Habrá de todo, pero también es verdad que cuando la necesidad aprieta…
En esos casos en que se haya logrado implantar el teletrabajo, pero no exista una actitud y una cultura de flexibilidad y confianza, previsiblemente, cuando todo haya pasado, se volverá a trabajar bajo el prisma del presencialismo. Adicionalmente, vaticino que se habrán generado unas expectativas por parte de los empleados. Más de uno se podría preguntar: “Si he sido capaz de trabajar desde casa a pleno rendimiento y he demostrado mi profesionalidad en todo momento, ¿por qué no puedo seguir haciéndolo por lo menos una parte de mi tiempo? ¿Por qué la empresa ya no confía en mí?”
Sé que ahora el foco y la urgencia consiste en garantizar la seguridad de los trabajadores y de la población. Pero con estas líneas me gustaría ser cauta y realista. Teletrabajar no solamente consiste en entregar un ordenador y tener una buena conexión a internet. El teletrabajo tambalea ciertos cimientos culturales. Para tener éxito en proyectos de implantación de teletrabajo hay que derribar muchas barreras, superar miedos de los propios jefes e incluso de los propios empleados a perder oportunidades de promoción por falta de visibilidad. Valorar el trabajo de una persona, no por las horas en que está sentada en una silla delante de su jefe sino por resultados, no se cambia de la noche a la mañana. Requiere un cambio de mentalidad.

 

Estoy convencida de que venceremos el Coronavirus y cuando regresemos a la normalidad los equipos de Recursos Humanos deberán hacer balance, orgullosos por las cosas conseguidas, pero teniendo que afrontar el reto de equilibrar expectativas de empleados y demostrar a las empresas que algo, dentro de todo, mereció la pena. Nuevos retos nos esperan, lo importante es que podamos compartirlos todos juntos.

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