Adiós al directivo de ‘copia y pega’

Últimamente la palabra de moda es transformación.

Sin perder de vista el empoderamiento, la resiliencia, el think outside the box y el VUCA, que aún pisan con fuerza, hay una palabra que de tanto escucharla ya resuena en mi interior: transformación. Es bonita y cuanto más se repite, más me invita a pensar en un futuro mejor.

En relación con este tema y visto desde varias perspectivas (transformación de las organizaciones, de las personas, cultural, digital…), recientemente he asistido a varias charlas y seminarios en que, con mucho acierto, se nos alerta de los peligros de vivir de las glorias del pasado, pues los logros del pasado no son garantía de éxito en el futuro.

El nuevo líder es aquel que se pone a prueba cada día, experimenta y aprende constantemente

En un mundo que se mueve a tanta velocidad, las personas y las organizaciones tienen y tendrán que lidiar con altas dosis de incertidumbre, partiendo de escenarios que nunca antes se han vivido. Para ello, nos dicen los expertos que los directivos deberán desarrollar nuevas capacidades y reinventarse (otra palabra que no hace tanto tuvo su momento de gloria).

El nuevo líder es aquel que se pone a prueba cada día, experimenta y aprende constantemente para inspirar a sus colaboradores y llevar a las organizaciones a ser capaces de afrontar grandes retos que, a fecha de hoy, ni siquiera somos capaces de mencionar.

Estoy completamente de acuerdo y añado que no se trata de renegar del pasado, sino de no anclarnos a él. Solo los líderes que sean capaces de equilibrar futuro con pasado, imaginando algo mejor, es decir, ser capaces de ver en perspectiva los modelos de negocio tradicionales para idear y desarrollar los nuevos, marcarán la diferencia.

Pero para ello hay que empezar a soltar lastre y mucho me temo que la realidad no es exactamente así. A continuación, expongo dos ejemplos.

Primero, hace un par de días un directivo que buscaba un nuevo reto profesional se quejaba de que se había preparado la entrevista para un puesto de trabajo de forma visionaria, pensando en el futuro, en el valor que podría aportar a la nueva compañía para llevarla a la transformación que se supone que ésta perseguía con su contratación. Sin embargo, la persona que lo entrevistó solo se fijaba en los años de experiencia que aportaba en cada empresa, los proyectos desarrollados, sus contactos y conocimientos del sector.

Y yo me pregunto: ¿Seremos capaces de salir algún día de este círculo vicioso para ver más allá de lo que figura en un trozo de papel y reconocer el potencial de las personas? ¿O es que no nos acordamos de aquel que nos concedió hace años la oportunidad de nuestra primera experiencia profesional? ¿En qué se fijó ese día?

En nuestra formación, sí, pero, ¿solo en eso? No, esa persona posiblemente vio el brillo en nuestros ojos y apostó por nosotros, confiando en que podríamos hacerlo bien. No tenía ninguna certeza empírica, no partía de datos cuantificados ni evidencias. Simplemente experimentó con nosotros. Y a mí esto me recuerda un poco el escenario de incertidumbre al que estamos destinados.

No se trata de infravalorar la experiencia sino de ampliarla, fijándonos en las nuevas competencias de las personas que lleven hacia el camino de la transformación de la que hablaba antes.

Lamentablemente, denoto que las empresas siguen sufriendo una cierta aversión al riesgo en el momento de contratar a alguien con un perfil distinto. Parece que tengan pánico a abrir la mente.

Segundo, existe una tipología de directivo que es un verdadero experto en el arte del "copia y pega". Sale de una organización donde lideró una serie de proyectos con éxito y pretende transformar la nueva organización a la que se incorpora adoptando, con algunas variaciones, lo mismo que le sirvió en la anterior, sorteando de la mejor manera posible los respectivos problemas culturales que se va encontrando por el camino.

Y lo peor de todo es que hay algunos directivos de este estilo que ya no se quedan con el "esto siempre se ha hecho así", sino que, sin ningún tipo de pudor y con total orgullo, dicen: "Esto es así porque en mi anterior empresa así lo hacíamos".

No digo que no sea factible usar el "copia y pega". A muchos directivos les ha ido bastante bien, pero ahora, como método de éxito, lo pongo en duda.

En la época que estamos viviendo, si no queremos que los negocios, igual que los aparatos, caigan en la obsolescencia programada, tendremos que pensar y repensar muy bien quién tirará del coche de caballos de nuestra empresa.

Agudizar el ojo clínico y abrir la mente en el momento de decidir una contratación clave será más necesario que nunca si queremos evitar que el futuro de nuestros negocios caiga en la trampa del "copia y pega".

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