Mujeres a la palestra

¿Por qué siguen ganando ellos en las apariciones públicas que implican retos de comunicación, ya sea hablar en público o escribir un artículo?

Recientemente, me llamaron por teléfono desde uno de los catálogos de conferenciantes de los que formo parte para anunciarme que presentarían mi candidatura, junto con la de otras dos personas, para dar una conferencia ante una audiencia constituida por un numeroso grupo de profesionales, que se reunían para una convención en una ciudad de la costa de Levante.

La persona que me llamó me anunció que tenía muchas posibilidades de que me eligieran, pues preferían que el speaker fuera una mujer y que tuviera un nivel alto de inglés, algo que no era muy común.

Escuchar esto no me dejó indiferente.

Desde el momento en que recibí esa llamada, se despertó en mí la curiosidad de investigar el tema de forma informal, y empecé a fijarme no solo en los catálogos de conferenciantes que existen en España, sino también en las convocatorias de múltiples actos que se anuncian por las redes.

Efectivamente, sin poder ofrecer ningún tipo de cifras concretas, sí constaté que el número de mujeres conferenciantes es significativamente menor al de los hombres.

El número de mujeres conferenciantes es significativamente menor al de los hombres

En algunos foros, observo que no solo cuesta encontrar a conferenciantes femeninas, sino incluso a participantes mujeres en las mesas redondas.

Sin ir más lejos, hace una semana asistí a un acto en que se hablaba de la tecnología y recursos humanos. En el debate, había seis hombres y cero mujeres. Y eso que el tema de fondo eran los recursos humanos, donde tantas mujeres ocupan posiciones.

Si llega a ser de tecnología ligada a otras áreas, el porcentaje de posibilidades de haber encontrado a mujeres en el debate todavía habría sido menor.

Mi curiosidad fue más allá y observé con detenimiento otra área. En los últimos meses, me he estado fijando en los artículos de colaboradores externos en los periódicos.

Por ejemplo, hojeo un periódico muy importante que cada domingo cuenta con columnas de opinión muy interesantes y en el cual he tenido el privilegio de publicar en varias ocasiones, y hace meses que no veo en esas columnas a ninguna mujer que firme un artículo de opinión.

Me consta que el periódico recibe multitud de peticiones de colaboración, pero pondría la mano en el fuego, viendo la ratio de autoras que publican, de que reciben mucho menos material de mujeres que de hombres. Y, si alguien malpensado puede llegar a creer que detrás hay “la mano negra” de un hombre que las descarta, me apresuro a decirle que no es así, pues quien está al frente de dicha sección es una mujer.

Tradicionalmente las carreras lingüísticas, de humanidades y de ciencias sociales han contado con una representación de mujeres superior a la de hombres

Sabemos que, lamentablemente, existe un porcentaje muy pequeño de estudiantes mujeres en carreras STEM, lo cual ocasiona una clara brecha de género en este campo. Sin embargo, tradicionalmente las carreras lingüísticas, de humanidades y de ciencias sociales han contado con una representación muy nutrida de mujeres en sus aulas, superior a la de hombres.

Además, varios estudios han demostrado que las mujeres poseemos más habilidades lingüísticas que ellos. Entonces, si teóricamente estamos mejor “preparadas” para afrontar retos que pongan a prueba nuestras capacidades de comunicación, tanto oral como escrita, ¿por qué siguen ganando ellos en las apariciones públicas que implican retos de comunicación, ya sea hablar en público o escribir un artículo?

No tengo ninguna respuesta probada ni científica; simplemente me guío por la intuición a la hora de aventurar un posible motivo.

Varios estudios han demostrado que las mujeres poseemos más habilidades lingüísticas que ellos

Me da la impresión de que el problema no es hablar o escribir, sino “hacerlo en público”. Acostumbradas durante tantos años a no poder destacar, hemos interiorizado culturalmente que ese era nuestro sitio: acompañar sí, pero sin ser el centro de atención. Y ya va siendo hora de que aprovechemos los canales públicos para que se escuche nuestra voz en tantísimos temas que dominamos.

Me alegra mucho ver que en los últimos años han surgido tantas asociaciones de mujeres en que reina una gran complicidad entre nosotras. Tenemos que estar en ellas, pues este es un buen comienzo, pero también fuera de ellas y a su lado.

Espero que dentro de unos años no tenga que escuchar que por ser mujer tengo ventaja para entrar en un panel de conferenciantes finalistas, porque tengo pocas competidoras. Os aseguro que deseo tener muchas competidoras a mi alrededor, cuantas más mejor, y poder leer cada vez más la opinión de las mujeres en los medios.

Tenemos las habilidades y estamos preparadas para ello; entonces, ¿a qué esperamos?

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