“Claro humano, si me lo pide por favor”

¿Podría el trato diario con los robots agraviar los malos modales de ciertas personas?

 

 

La nueva década arranca con el centenario del nacimiento del escritor Isaac Asimov, gran maestro de la ciencia ficción. Con motivo de esta efeméride, me vino a la mente uno de sus cuentos que había leído tiempo atrás. Se titula Factor clave.

Para resumirlo, en él Asimov describe una máquina "rebelde" cuya función es de suma importancia para la sociedad y que se ha humanizado pero no atiende las órdenes de sus operarios. Estos, desesperados, intentan por todos los medios que la máquina reaccione.

Sin embargo, solamente lo consiguen cuando añaden, tras muchas deliberaciones, el “factor clave”, que consiste en mencionar dos palabras al final de cada una de las órdenes: “Por favor”. De este modo, la máquina obedece y se pone a trabajar con alegría.

Nadie negará que Asimov era un visionario y, aunque esta imagen de la máquina que tiene sentimientos dista mucho de la realidad, la historia de su cuento me lleva a reflexionar sobre cómo nosotros, los humanos, nos relacionaremos con los robots y con la inteligencia artificial, teniendo en cuenta la velocidad que están tomando los avances tecnológicos. ¿Estamos preparados para ello?

Leyendo el cuento, me preguntaba: un jefe despótico que en la actualidad esté aplicando la táctica del látigo y del “ordeno y mando” con sus trabajadores, ¿cómo va a tratar un robot?

¿Podría el trato diario con los robots agraviar los malos modales de ciertas personas?

Nos podemos imaginar que, si trata así a las personas, los robots, sumisos y conformados, van a llevarse la peor parte. Si lo analizamos fríamente, podríamos pensar que nos da igual, porque las máquinas no padecen, no respiran, y eso es verdad. Sin embargo, quisiera ir más allá.

¿Podría el trato diario con los robots –que, repito, no padecen, no se quejan y no sufren– agraviar los malos modales de ciertas personas? ¿Podríamos llegar a situarnos, en el futuro, en un grado de aislamiento relacional (yo solo con la máquina y la máquina sola conmigo) que transformara negativamente nuestros buenos modales y nuestros instintos más amables?

Alguna persona podría pensar que estoy exagerando: ¿Cómo nos vamos a volver los adultos más maleducados por el hecho de tratar mal a una máquina? Sin embargo, ¿qué pasará con un niño, que ya crezca dando órdenes a un robot? ¿Cómo lo hará?

La automatización eliminará 75 millones de empleos para 2025, pero creará 133 millones de nuevas funciones

Recientemente, leía en un post que la automatización eliminará 75 millones de empleos para 2025, pero creará 133 millones de nuevas funciones, según el Foro Económico Mundial, con lo cual se generarán, por lo menos, 58 millones de nuevos empleos.

Y me preguntaba cómo será esta enorme cantidad de empleos, pues parece como que todos somos capaces de predecir los que van a desaparecer, con mayor o menor probabilidad de acierto, pero nos cuesta más identificar los nuevos que se crearán.

Si se van a generar 133 millones de nuevas funciones, yo voto por dos que actúen en una doble dirección. La primera, un técnico especializado que sea capaz de incluir ese “factor clave” en los robots, de modo que solamente reaccionen si reciben un buen trato amable por parte de sus "jefes" humanos.

Y la segunda, un formador especializado en buenas maneras que inculque a los niños amabilidad en las formas, para que aprendan a relacionarse con la inteligencia artificial y, por ende, con las personas.

Seguramente no estoy diciendo nada nuevo y todo esto ya se está investigando, en concreto, cómo incorporar dicho “factor clave” en las máquinas.

Algunas personas me pueden considerar romántica y poco práctica, y pensar que no merece la pena invertir en ello.

Sea como fuere, pienso que tomar conciencia de todos estos aspectos, o por lo menos reflexionar sobre ellos, ya es un buen paso, y hay que reconocer a Asimov el mérito, pues una vez más ha acertado. Lo cierto es que tendríamos que haber aprendido a tratar educadamente a las personas antes que a las máquinas.

De todas formas, si la tecnología nos permite empezar por el final y aprender de ello para llegar a ser más humanos, ¡bienvenida sea!

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